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La conquista de California

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4 minutos de lectura

Expedición de Gaspar  de Portolá en California

La primera colonia fundada por españoles en territorio californiano fue un pequeño asentamiento cercano a la actual La Paz (Baja California – México) por una expedición enviada por Hernán Cortés en 1533 y capitaneada por Fortún Jiménez. Pensaban que la península de California era una isla. Como la mayoría de este tipo de asentamientos primerizos tuvieron una efímera existencia. Normalmente por la mala situación, no disponer de agua ni de alimentos ni de la colaboración de los nativos los hacía inviables. En 1536 fue abandonado.

En 1539 Cortés volvió a enviar una nueva expedición, esta vez capitaneada por Francisco de Ulloa que llegó hasta el fondo de la bahía californiana, descubrió la desembocadura del río Colorado y al tener que volver hacia el sur descubrió que la isla de California realmente no existía sino que era una península que llegaba al cabo de San Lucas en donde ya podían continuar navegando hacia el norte en busca del estrecho de Anián, un lugar cuya existencia no había podido ser probada y que se supone que comunicaba el océano Pacífico con el océano Atlántico pero por el norte.

California vista como una isla

La siguiente expedición importante y que ya llegó hasta la Alta California fue la de Juan Rodríguez Cabrillo en 1542 organizada en principio por Pedro de Alvarado pero que ante su muerte repentina en Nueva Galicia fue retomada por el virrey Mendoza. Se puede conocer el desarrollo de dicha expedición en este enlace:

https://www.historiadelnuevomundo.com/index.php/2015/07/11-juan-rodriguez-cabrillo-y-el-descubrimiento-de-california/

Pero tras estas expediciones las tierras californianas dejaron de tener mucho interés para las autoridades españolas. No se había visto ninguna civilización importante ni riquezas inmediatas. Tan solo el virrey Monterrey no se rindió y creyó que algo debía de haber por allí y encargó al capitán Cermeño que navegase esas lejanas costas en busca de riquezas y de posibles buques rivales;  recientemente se produjeron varios incidentes con corsarios ingleses y esto empezó a preocupar mucho, y además también para que buscase algún punto apto para servir como reposo del galeón de Manila en su retorno a Acapulco.

En 1602 se encargó una nueva expedición al capitán Sebastián Vizcaíno zarpando de Acapulco con cuatro naves que en noviembre de dicho año recalaron en y pusieron nombre a la bahía de San Diego y poquito después a la de Monterrey,  nombre en honor al virrey. Se supone que esta expedición supuso un éxito en tanto en cuanto recorrieron mucha costa californiana y recabaron importante información geográfica y sobre la fauna y flora pero no se crearon ni fuertes ni asentamientos estables, es decir, fue a “dar una vuelta por allí”, por lo que se puede decir que no tuvieron mucho éxito.

Durante largas décadas California quedó olvidada y apenas se la tuvo en cuenta. No fue hasta que los religiosos aparecieron por aquellos lugares con propósitos evangelizadores que lograron crearse pequeños núcleos urbanos pudiéndose ya hablar de una colonización de California. Desde el norte del virreinato de Nueva España los religiosos de la orden de los Jesuítas ya habían construído gran cantidad de misiones en las regiones de Sinaloa, Durango, Chihuahua y Sonora. En 1684 el padre Kino fundó la misión de Nuestra Señora del Loreto en la Baja California pero tuvo que ser abandonada por falta de agua y alimentos. Años después otros religiosos fundaron una nueva misión cerca de esta última del Loreto que se convirtió en la capital de California durante muchos años, principalmente porque no había otro sitio donde alojar al gobernador.

Así estuvo la provincia de California hasta que en 1767 llegó la orden de expulsión de los Jesuítas de los territorios españoles. Fueron sustituidos por los religiosos de la orden franciscana que rápidamente se pusieron manos a la obra y con la dirección de Fray Junípero Serra comenzaron a recuperar las 14 misiones dejadas por los jesuítas y a crear otras nuevas más al norte con la intención de evangelizar los territorios en los que aún no había sido posible establecerse.

Estos hechos dieron cierto impulso a la colonización de California pero solo se empezó a tomar en serio cuando a la corte española llegaron noticias de una posible expansión del imperio ruso desde el norte con la consiguiente amenaza de perder esos territorios con ese estatus legal tan frágil y sin fronteras bien definidas. Para ello el rey encargó al virrey Croix y al visitador José de Gálvez la organización de una expedición que resolviera estos asuntos.

Se organizó y se encomendó al capitán del Regimientos de Dragones de España, Gaspar de Portolá, en ese momento gobernador de la provincia, su puesta en funcionamiento. Dicha expedición partió del puerto de San Blas el 11 de enero de 1769 y su misión era la de viajando por mar y tierra llegar a Monterrey y construir un presidio o fuerte estable y bien acondicionado para vigilar y si era necesario frenar la expansión rusa por las costas pacíficas. Dicho objetivo se logró el 4 de junio de 1770 tras muchos problemas durante el camino con enfermedades y desabastecimientos. En pocas semanas Monterrey contaba con una plaza de armas de casi 100 metros de largo y ancho, una capilla, cuadras, almacén, habitaciones y un polvorín. Allí Portolá dejó al capitán Pedro Fages que se convertiría poco después en el gobernador militar de Nueva California.



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