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El tribunal de la Santa Inquisición

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Indice

Tribunal de la Inquisición: ¿qué fue, para qué sirvió, por qué se creó?
Cronología de los tribunales inquisitoriales
¿Cuál era la estructura de la Santa Inquisición española?
¿Qué delitos perseguía la Inquisición?
El proceso inquisitorial
La resolución
La ejecución
El edicto de fe
El auto de fe
Financiación de la Inquisición
Leyenda negra e Inquisición

Tribunal de la Inquisición: ¿qué fue, para qué sirvió, por qué se creó?

¿Quién no ha oído hablar de la Inquisición? Todos conocemos más o menos qué fue el Tribunal del Santo Oficio o de la Inquisición. Esas palabras nos evocan sadismo, muerte, terror… Nos traen a la mente épocas medievales de sinrazón y atroz fanatismo religioso, de torturas y muertes injustas e inhumanas…  ¿Pero realmente la Inquisición fue tan mala y tan brutal como nos la pintan en películas, novelas, estudios y obras históricas? ¿Su nivel de maldad y brutalidad fue tan elevada? Vamos a analizarlo porque hay mucho más de lo que parece a simple vista…

La institución religiosa conocida como Santa Inquisición tuvo su origen en la Europa de la Edad Media y se creó con el objetivo de terminar con la herejía en los territorios cristianos. ¿Y qué es la herejía? Pues en el caso que nos ocupa son las ideas y comportamientos que se sitúan en contra o fuera de la doctrina cristiana y que ejercen, esto es algo importante, los propios cristianos, es decir, un hereje para ser calificado como tal tenía que haber sido bautizado y ser cristiano y además actuar y creer de forma pertinaz en su herejía. Un no cristiano no podía ser un hereje o alguno que se arrepentía pronto de los hechos cometidos.

Para la iglesia estas actividades heréticas ponían en peligro su propia existencia y por ello creó esta herramienta: para investigarlas, localizarlas y perseguirlas. Si las detectaba trataba de conseguir el arrepentimiento del hereje. De esta manera mantenía la fe y la doctrina intacta y sin peligros de introducción de elementos no deseados. La palabra “Inquisición” de hecho significa “Investigación” o “pesquisa” y era la investigación sobre una herejía ejercida por algún cristiano.

La Santa Inquisición era una institución católica, sin su bula papal correspondiente no podía constituirse. No hubo Inquisición protestante. Cuando algunos dicen que la inquisición en Alemania o en Inglaterra mató mucho más que la española están cometiendo un error porque en esos países protestantes era la justicia civil o local la que realizaba la persecución religiosa y enjuiciaba al investigado. Eran sus propias instituciones las que ordenaban la búsqueda y captura del acusado, le enjuiciaba y ejecutaba la sentencia, es decir, se encargaba de todo. Sin embargo, la Inquisición católica solo se ocupaba de la investigación y el enjuiciamiento. La detención y la ejecución de la condena, en su caso, era ejercida por las autoridades civiles. Podía ocurrir que un reino fuera protestante pero el rey o príncipe fuera católico, en este caso podía constituirse una Inquisición pero siempre bajo aprobación papal.

Normalmente eran los propios reyes o príncipes los que solicitaban la creación del tribunal en sus territorios para solucionar problemas de carácter religioso. Pero no podemos olvidar que en aquella época existía una unión bastante fuerte entre religión y política, por lo que dichos asuntos religiosos  eran tomados prácticamente como asuntos de Estado, sin ir más lejos podían afectar a su religiosidad y con ello a su propia estructura. Por eso, en muchos casos la Inquisición fue utilizada por el poder gubernamental en asuntos delicados en los que sabía que su influencia podía ser de mucha ayuda, por eso se la puede definir como una institución mixta, en la que Iglesia y Estado participaban activamente. 

La Inquisición, como ya hemos dicho, fue creada para mantener la doctrina cristiana libre de interferencias externas pero generadas por los propios fieles cristianos, fueran conversos o no. Eran momentos en que la observancia de la doctrina católica era muy valorada en todos los aspectos de la vida. La mayoría de la población aprobaba que se persiguiese a los herejes y se impidiese la propagación de estas ideas, vistas como dañinas. Algo a tener muy en cuenta a la hora de entender este fenómeno.



Cronología de los tribunales inquisitoriales

Desde el primer tribunal inquisitorial creado en 1184 hasta la actualidad han existido de diversos tipos y con diversas funciones. Aquí los reflejamos cronológicamente:

  • La Inquisición medieval creada en el sur de Francia en 1184 que luchó contra la herejía de los cátaros o albigenses. Fue instituida mediante bula papal de Lucio III llamada Ad Abolendam. Era la llamada Inquisición episcopal porque eran los obispos los encargados y obligados de investigar la herejía en sus diócesis pero se aplicaban las leyes o costumbres locales. Esta heterogeneidad legislativa llevó a crear al poco tiempo la Inquisición pontificia, en la que el Papa tenía control centralizado de la misma, con una legislación y unas prácticas propias a aplicar en todos los territorios que solicitasen una inquisición, e incluso de nombrar los inquisidores a enviar, que normalmente eran religiosos de la orden de predicadores o dominicana. Durante esta época estos tribunales no eran permanentes, se enviaban allí donde eran solicitados y una vez finalizado el proceso se marchaban.
  • Inquisición estatal en Aragón. Las herejías cátara y valdense se habían extendido por el sur de Francia y amenazaban hacerlo también por el reino de Aragón, por ello el rey Jaime I solicitó en 1232 al papa Gregorio IX que enviase inquisidores pontificios. Esta inquisición actuó principalmente en los reinos aragoneses de Valencia y Baleares pero de forma muy limitada y con pocos procesos.
  • Inquisición española o inquisición moderna: Fue creada en 1478 por el papa Sixto IV, mediante la bula Exiguit sincerae devotionis, a petición de los Reyes Católicos y tenía como característica diferenciadora de las anteriores que estaba sometida al control regio, tenía la potestad de nombrar inquisidores y de destituirles a su gusto. Su objetivo fue el de perseguir a los falsos conversos, principalmente judíos, que a pesar de haberse convertido al cristianismo, en secreto seguían procesando su antigua religión. Posteriormente esta persecución se amplió a musulmanes y luteranos conversos. En este caso los tribunales sí eran permanentes, estableciéndose en las ciudades más importantes en las que los inquisidores residían y trabajaban. Los siglos XV, XVI y XVII fueron los más activos de este tribunal, decayendo su influencia y actuación desde el siglo XVIII hasta su disolución en el siglo XIX, concretamente el 4 de diciembre de 1808 con el Decreto de abolición de la Inquisición firmado por Napoleón. También fue abolida por las Cortes de Cádiz en 1812 pero resinstaurada por Fernando VII en 1814. Finalmente, en 1834, la regente María Cristina mediante el Decreto de 15 de julio la derogó definitivamente.
  • Inquisición indiana: tras el descubrimiento y conquista de los territorios americanos por parte de Castilla el rey Felipe II decidió implementar la inquisición apostólica en dichos reinos con el objetivo de evitar que la herejía protestante se extendiera desde Europa a través de los luteranos incontrolados que pudiesen llegar a las ciudades portuarias americanas. También se ejerció un control de los libros que llegaban para evitar la entrada de las ideas heréticas. En 1569 fueron creados los tribunales de México en el virreinato de Nueva España y de Lima en el virreinato del Perú. Más tarde, en 1610, fue creado otro en Cartagena de Indias.
  • Inquisición portuguesa: instaurada en 1536  a petición del papa Pablo III actuó bajo control del papado pero las presiones lograron que en 1547 se le concediese todo el control a la corona portuguesa. Se fundó por el mismo motivo que en España: el peligro judaizante por la masiva entrada de judíos en Portugal tras ser expulsados del reino vecino castellano, y controlar la herejía luterana que se extendía por Europa. Estuvo operativa hasta 1820 en que fue abolida por las Cortes portuguesas.
  • Inquisición romana: fue una institución colegiada creada en 1542 por el papa Pablo III que ha durado hasta nuestros días con diversos nombres. Su objetivo principal ha sido siempre el de cuidar de la doctrina católica dentro de la Iglesia. Su área de influencia fue al principio Italia pero gracias a su importancia creció en muchos países en que se respetaban y observaban sus opiniones y consejos. En la actualidad es conocida como la Congregación para la Doctrina de la Fe, compuesta por cardenales y obispos.

A continuación nos vamos a centrar en el Tribunal de la Santa Inquisición española, que es la más conocida y cuyo impacto ha sido mayor en la historia.



¿Cuál era la estructura de la Santa Inquisición española?

Un tribunal inquisitorial se componía de los siguientes órganos:

  • Inquisidor General y Consejo de la Suprema Inquisición: Nombrado por el Papa a propuesta del Rey. Era el cargo más alto dentro de la Inquisición. Tenía competencias en todos los aspectos: justicia, gracia, gobierno, hacienda y vigilancia de libros. Presidía el Consejo de la Suprema Inquisición, que era un órgano principalmente consultivo compuesto por varios miembros nombrados por el rey que se dividían en dos del Consejo de Castilla, varios inquisidores apostólicos, un abogado, un fiscal, dos secretarios, dos relatores y diversos calificadores y consultores. Se reunían todas las mañanas durante tres horas y las tardes de los martes, jueves y sábados.
  • Inquisidores de distrito: dirigían el Tribunal de distrito y solo podían actuar en el territorio asignado a dicho tribunal. Ejercían de jueces, dirigían a los funcionarios del distrito, visitaban sus zonas de influencia para informarse y recoger denuncias y testimonios, llevaban la hacienda de su tribunal, servían de intermediario entre su tribunal y el Inquisidor General y la Suprema. Se dieron varios casos de abusos en sus condenas y por ello se les quitó esta potestad teniendo que enviar las causas a la Suprema y también un informe mensual de su actividad.
  • Ordinario: encargado de averiguar las causas de herejía y enviar las pruebas al inquisidor. También votaba en las consultas de fe y firmaba las sentencias.
  • Consultores: eran los asesores del Santo Oficio. Debían de ser expertos en teología, derecho canónico o civil y tenían que tener mucha experiencia en estos temas.
  • Promotor Fiscal: era el encargado de la acusación y de asesorar también a los inquisidores. Debía de presenciar todo el proceso inquisitorial, presentaba las pruebas frente al reo para que las confirmase o no, recogía las declaraciones de los testigos y asistía a la ejecución de las sentencias. Debía de ser perito en derecho y actuar prudente y diligentemente.
  • Notarios o secretarios: daban fe de los actos procesales y levantaban acta de lo sucedido en el proceso. Redactaban, firmaban y leían las sentencias.
  • Familiares: eran los informadores que la Inquisición tenía en las ciudades o pueblos formando una red de información de posibles delitos de herejía. Socialmente estaba muy bien visto porque era el reconocimiento de la limpieza de sangre del familiar y conllevaba ciertos beneficios fiscales y sociales.



¿Qué delitos perseguía la Inquisición?

Como ya hemos comentado anteriormente el objetivo de la Inquisición era combatir la herejía entre los miembros de su Iglesia, por ello en ámbito religioso perseguía a judaizantes, es decir, aquellos cristianos que a pesar de haberse convertido al cristianismo seguían practicando ritos judíos o incluso trabajaban en difundir su herejía. También perseguían a los luteranos, cristianos seguidores de Lutero, y a los moriscos que se habían convertido de forma forzosa al cristianismo en 1502 y que no habían abandonado sus ritos islámicos. La Inquisición también persiguió a una secta surgida en los primeros años del siglo XVI que eran conocidos como los Alumbrados y que en sus creencias se mostraban en contra de las manifestaciones externas de religiosidad, como son los sacramentos, los ritos, los rezos, etc., defendiendo la interioridad de la religión.

En el ámbito social se perseguía la bigamia, la blasfemia y la sodomía. En lo que respecta a la magias perseguía el sortilegio por ser realizado a través de actos mágicos o sobrenaturales. Los profetas o adivinadores no porque se supone que actuaban inspirados por Dios. La brujería era perseguida pero de forma muy benigna, se la consideraba una superstición del pueblo y sus ejecutores solo eran condenados como mucho a azotes públicos, excepto en el conocido casi de las brujas de Zugarramurdi, a principios del siglo XVII, en que fueron ejecutadas 6 mujeres y reconciliadas 18. La hechicería solo era perseguida si se invocaba al diablo o se mezclaba con oraciones u objetos sagrados.

La Inquisición también actuaba dentro del ámbito de la Iglesia y de forma muy dura en caso de delitos de solicitación en confesión. Este delito consistía en que el confesor al conocer los pecados del confesante trataba de obtener favores a cambio de la absolución de dichos pecados. También la Inquisición vigilaba muy celosamente el celibato de los religiosos. 



El proceso inquisitorial

La denuncia: Se aplicaba la regla del secreto, que según la propia institución era una forma de proteger a los acusadores o testigos en el caso de que la persona acusada fuera poderosa o pudiese actuar contra ellos durante el proceso o después de él, es decir, se trataba de proteger al denunciante del presunto hereje. Con esto se puede decir que se favorecía la presentación de denuncias falsas por sentirse protegido el denunciante pero no es así, la denuncia tenía que ser presentada por un mínimo de tres personas con testimonios concordantes. El denunciado no conocía la identidad de las mismas pero se le preguntaba qué personas podían estar en contra de él por algún motivo. Si alguno de los tres denunciantes era nombrado se cancelaba el proceso y se liberaba al reo. Esta misma regla se aplicaba a los testigos, si alguno de ellos era nombrado podía ser recusado. 

Análisis de los testimonios acusatorios: los calificadores, que debían ser teólogos experimentados, estudiaban los testimonios de los denunciantes  y si veían indicios evidentes de delito se citaba al denunciado para intercambiar impresiones.

-Citación o detención del presunto hereje: tras la primera entrevista si los calificadores seguían viendo indicios claros de delito cursaban la orden de arresto y se la entregaban a los alguaciles de la justicia civil para que procediesen a la detención y encarcelación del acusado.

Confirmación de los testimonios acusatorios: Se volvía a llamar a los testigos para que confirmasen sus testimonios pero esta vez no frente a inquisidores sino ante dos sacerdotes que nada tenían que ver con la Inquisición. Un aspecto importante es que los testigos, si presentaban incoherencias o había sospechas de que pudiese haber falso testimonio, podían ser sometidos a tortura para saberse la verdad por lo que denunciar también suponía un riesgo.

Secuestro de los bienes: solo en caso de que la acusación fuera de herejía formal, el delito más grave, se congelaban todos los bienes del acusado y y un administrador escogido por él realizaba un inventario de los mismos, que les serían devueltos si resultaba inocente. Si resultaba culpable el embargo se ejecutaría.

-Interrogatorio inicial: antes de leer la acusación al reo se le volvía a preguntar sobre su conducta y si se arrepentía de algo. Se le preguntaba hasta tres veces y si seguía negando ninguna actitud herética se pasaba al trámite acusatorio en el que se le leía los motivos de la detención y se iniciaba el juicio.

La defensa del reo: el acusado no estaba solo, disponía de un abogado para su defensa, eso sí, elegido por el Tribunal, y podía presentar testigos de descargo e invocar circunstancias atenuantes (embriaguez, enajenación, locura, etc.).

El interrogatorio principal: una vez en el juicio se interrogaba al acusado sobre temas normales, costumbres, su familia, etc. Si confesaba el delito y mostraba arrepentimiento se cerraba el proceso pero si lo negaba actuaba el abogado del reo y los testigos favorables al reo. 

La tortura: en una época en la que la tortura era usada de forma generalizada e indiscriminada en la justicia civil la Inquisición la reguló para que fuera lo menos dañina posible para el reo, de hecho, sobre el total de procesos realizados se estima que en solo un 2 o 3%  se recurrió a ella. Para evitar abusos la orden de tortura tenía que ir firmada por un obispo y los inquisidores, es decir, la aplicación de la tortura tenía que hacerse con el conocimiento y aprobación de los más altos cargos eclesiásticos. Además se exigía una serie de condiciones para su aplicación:

  • Solo se aplicaba en caso de que el reo incurriese en incongruencias en su testimonio y cuando la culpabilidad fuera tan evidente que lo que se intentaba era que lo reconociese.
  • Presencia de un médico en el lugar de la tortura que asistiría al reo nada más terminar la sesión.
  • No se podía provocar sangrado ni mutilaciones al reo, ni  ponerle en riesgo de muerte.
  • Las sesiones no podían durar más de 15 minutos, y como máximo podían ser dos sesiones con una diferencia de un día.
  • En caso de ser mujer si ésta era madre de un menor o estaba embarazada no se la podía torturar.
  • Tan solo se aceptaban tres métodos de tortura:
    • El potro, que consistía en atar al reo con correas que le estiraban los brazos y las piernas.
    • La toca o tormento del agua, en la que se introducía un paño empapado de agua en la boca y tapando la nariz para dar la sensación de asfixia.
    • La garrucha, que se colgaba al reo por las muñecas incluso echando los brazos hacia la espalda provocando dolor en los hombros.
  • Presencia de un representante del obispo.
  • Pasada la tortura sería interrogado de nuevo para reafirmar lo manifestado en ella para ver si los testimonios eran congruentes o no.

La sentencia: con toda la información recabada se dictaba sentencia leída en el auto de fe. La sentencia podía ser condenatoria o absolutoria. Dentro de las absolutorias podía ser definitiva y se cerraba el caso o absolutoria de la instancia, que absolvía momentáneamente al acusado pero el proceso quedaba abierto y si aparecía alguna nueva prueba o indicio sería reabierto inmediatamente. La sentencia tenía que ser redactada por escrito y posteriormente debía de ser leída en auto público o particular. Si se leía en público era en un auto de fe acabando con el secreto del proceso y aireando toda la información del proceso. Si era en un auto particular solían producirse dentro de una iglesia o en la cámara de audiencia. 

-Impugnación: Las sentencias del Tribunal de la Inquisición podían ser impugnadas de dos maneras:

  • Apelación: se podía apelar si el proceso aún no había terminado y el reo no era acusado de herejía. Al no haber finalizado el proceso se podía revisar el testimonio del reo y así evitar un error en su confesión.
  • Suplicación: era el recurso existente en los tribunales de Indias y se diferenciaba de la apelación en que esta solo se podía solicitar al tribunal inmediatamente superior del que emitió la sentencia pero la suplicación, por la lejanía de estas instituciones de las Indias, se podía ejercer ante el mismo tribunal que había emitido la sentencia.



La resolución

Las penas  más comunes eran multas, cárcel, azotes, peregrinaciones forzadas o desfiles de humillación pública (los famosos sambenitos) o incluso una amonestación. Normalmente con el arrepentimiento se condenaba a penas suaves y se daba al condenado como reconciliado, que era el objetivo del tribunal: recuperar cristianos a la causa.

La pena de muerte solo se aplicaba en casos de especial gravedad, pocos casos terminaron en la hoguera, y ante la falta de arrepentimiento por parte del reo. Cuando se confiscaban bienes, éstos no eran entregados a los acusadores, como se suele decir, sino que eran usados por la Inquisición para costear sus gastos, pues siempre andaban escasos de recursos y si algo sobraba era entregado a la Hacienda Real.



La ejecución

Dependiendo de la condena al acusado se realizaba una serie de actos. Si los condenados eran reconciliados se les mostraba en el tablado del auto de fe con hábito penitencial amarillo, con dos aspas rojas de San Andrés, insignias que definían el delito por el que se le condenaba y una vela de cera en las manos.  Allí se les leía la sentencia y debían abjurar públicamente de sus errores para posteriormente ser llevados de nuevo a la cárcel a la espera de iniciar el cumplimiento de la pena (exilio, galeras, azotes, etc). Se les advertía de que si no cumplían la condena sería considerados relapsos y posiblemente relajados. En el caso de los relajados eran entregados a las autoridades civiles para proceder a su ejecución, si se arrepentían y pedían perdón eran estrangulados mediante el garrote vil y se les quemaba ya muertos, pero si persistían en su herejía se les quemaba vivos. Esta ejecución no se realizaba en el lugar del auto de fe sino que eran transportados en asnos hasta las afueras de la ciudad donde se procedía a las ejecuciones que podían ser vistas por cualquiera. A lo largo del tiempo estas ejecuciones se fueron convirtiendo en un auténtico espectáculo al que todo el mundo quería asistir.



El edicto de fe

Hasta ahora hemos hablado de un proceso inquisitorial contra un acusado individual pero ya desde el principio de la creación del Tribunal del Santo Oficia se realizaban visitas a ciudades o pueblos en donde se rumoreaba que podía haber herejes. El Edicto de Fe consistía en que los inquisidores marchaban al lugar donde se presumía se estaban produciendo actividades heréticas, contactaban con las autoridades eclesiásticas locales y al finalizar la misa dominical, la que más afluencia solía tener, leían una lista pormenorizada de delitos de herejía y todo un manual de detalles de la vida normal que permitiría identificarlos. Todo con el objetivo de animar a los feligreses a denunciar a las personas que pudiesen haber caído en esas herejías (judaizantes, luteranos o musulmanes principalmente) y si por algún motivo alguien no denunciaba conociendo un caso de herejía podía ser excomulgado de forma severa.



El auto de fe

El auto de fe era un acto público en el que la Inquisición escenificaba todo su poder ante toda la sociedad y suponía el final de un proceso inquisitorial colectivo.  A él asistían todas las autoridades religiosas y civiles locales e incluso en las ciudades más importantes podía asistir el rey y la nobleza. En esta ceremonia los acusados reconciliados se arrepentían públicamente y la iglesia católica mostraba su lado piadoso acogiéndolos de nuevo en su seno. Igualmente ante los que no se arrepentían mostraba toda su crudeza y entregaba al reo a la autoridad civil para que los ejecutase en las afueras de la ciudad. Era la forma de infundir temor a los asistentes y animarles a cumplir con la doctrina católica y no caer en herejías. 

Previo al auto de fe partía de la capilla de la Inquisición una procesión encabezada por una cruz verde, símbolo del tribunal, que portaba el fiscal de la Inquisición montado a caballo, detrás iban los reos reconciliados portando cirios encendidos, luego marchaban los frailes dominicos y los reos relajados que portaban un sambenito pintado con escenas del infierno y llamas, en la cabeza llevaban el capirote con escenas horribles A continuación desfilaban los familiares de la Inquisición y cerraban la procesión soldados a caballo y los representantes de las comunidades religiosas locales. La procesión llegaba normalmente a la Plaza Mayor de la ciudad en donde se había erigido un escenario frente a unas gradas en las que las autoridades y espectadores se sentaban organizados por su poder político y social. 

Una vez en el lugar de la ceremonia era iniciada con un sermón que animaba a denunciar a los que cometiesen delitos religiosos, posteriormente se leían una a una las condenas de los acusados y se emitía el veredicto. 



Financiación de la Inquisición

El tribunal de la Inquisición no recibía ningún tipo de financiación externa. Tenía que cubrirse ella misma los numerosos gastos que generaba, como eran los de personal, los sueldos de los miembros del tribunal, la manutención de los presos, y las costas variables asociadas a los procesos. Los gastos de los autos de fe, que eran cuantiosos, en muchas ocasiones no podían hacerles  frente y tenían que suspenderlos u organizarlos recortando el máximo.

Para financiarse recurría a los ingresos generados por las expropiaciones de bienes que se realizaban contra los condenados, las multas penitenciales, las dispensas o conmutación de penas a cambio de un pago en efectivo y también realizaban inversiones inmobiliarias de tierras y bienes así como las canonjías de oficio, que fueron un magnífico ingresos en ciertas épocas.



Leyenda negra e Inquisición

El Tribunal del Santo Oficio, como casi cualquier tema referente a España, tiene también su propio capítulo de leyenda negra. Su propia actividad, la represión religiosa, le llevó sin remedio a hacerse numerosos enemigos que no dudaron en ningún momento en publicar y difundir las verdades de la Inquisición en cuanto a recorte de libertades y posibles corruptelas, pero también a crear un áurea de terror y muerte sin precedentes.

Se ha hablado y se habla de cientos de miles de muertes a lo largo de su historia cuando las últimas investigaciones hablan de aproximadamente no más de 3000-4000 procesos que terminaron en la muerte del acusado, aproximadamente un 3% de los procesos totales. Por hacer una comparación solamente en las cazas de brujas de Centroeuropa y en muy pocos años la cifra de quemadas vivas asciende a más 50000 personas. No es cuestión de hacer una competición de quién mató más o menos pero es bien llamativo que a uno lo maltrate la historia por algo que fue 10 veces menor que otros que han salido poco mal parados.

Algo parecido ocurre con las torturas que se ejercían en los procesos inquisitoriales, exageradas sin ningún tipo de rubor en novelas y obras de dudosa veracidad histórica o en esas exposiciones de aparatos de tortura de la Inquisición que hay de forma itinerante o permanente en diversas ciudades españoles e hispanoamericanas. En estas exposiciones se muestran aparatos de tortura absolutamente aberrantes que jamás usó la inquisición o incluso ni siquiera existieron hasta años después de abolida esta institución. La tortura era un recurso de obtener confesiones generalizado por toda Europa y la justicia civil incluso hacía un uso más abusivo y brutal que la propia Inquisición que, como ya hemos comentado antes, tenía una serie de normas y reglas que tenía que observar.

Los más encarnizados enemigos de la Inquisición y divulgadores de las peores acusaciones han sido los protestantes y los liberales del siglo XVIII y XIX.  Los liberales al fin y al cabo eran amantes de la libertad y de la difusión libre de la cultura y el conocimiento y chocaban frontalmente con el control inquisitorial y se les puede entender que se quejen, pero los protestantes que acusan a los católicos de crueles y sanguinarios parece que se olvidan que las peores matanzas y más crueles hechos fueron realizados por ellos y sus correligionarios. Algo cínicos sí que son. Es esta época cuando en sus obras muchos autores de corte liberal difunden la idea de la España negra y atrasada culpando a la Inquisición de ello por haber prohibido obras y haber combatido a personas ilustradas. Es curioso que cuando la actuación de la Inquisición fue más violenta y radical, finales siglo XV y siglo XVI, es cuando España fue reino puntero a todos los niveles (económico, militar, cultural, etc) en el mapa internacional y fue durante  el período ilustrado cuando inició su decadencia. Contradicciones curiosas.

Obviamente no vamos aquí a defender  los procedimientos ni la actuación del Santo Oficio pero creo que es importante analizarlo desde el prisma de la época en que estuvo vigente y no con el punto de vista actual que, evidentemente, nos lleva a condenarlo por haber sido totalitario, brutal y poco apegado a los más elementales derechos humanos y libertades.

 

Fuentes:

Jean Dumont, Proceso contradictorio a la Inquisición Española, año 2000, Ediciones Encuentro.

J. A. Llorente, Historia Crítica de la Inquisición en España, 1817.

http://www.blasoneshispanos.com/espirituedadmedia/05-La_Santa_Inquisici%C3%B3n/La%20Santa_Inquisicion.htm

Mónica Agudo Caballero, Estudio Histórico-jurídico de la Inquisición: la sentencia inquisitorial, 2014.

José María García Marín, Proceso inquisitorial-proceso regio. Las garantías del procesado, Revista de la Inquisición 1998 nº7.

María del Camino Fernández Giménez, La sentencia inquisitorial, Universidad Miguel Hernández, 1999.

 

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