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Diego de Nicuesa gobernador de Veragua

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Tras el encuentro entre Ojeda y Nicuesa en Tabarco y la batalla con los indí­genas éste partió hacia su gobernación de Veragua a buscar un buen puerto donde crear su primer asentamiento.

Diego de NicuesaRecorrió el litoral panameño pasando por el cabo de Tiburón y la punta de Carreto pero la innacesibilidad de la selva no les permití­a encontrar un lugar donde poblar. Una terrible tormenta lo lanzó hacia el norte, separándole del resto de la expedición comandada por Lope de Olano, por lo que puso rumbo de nuevo hacia el sur para buscar a sus compañeros. Llegaron a un rí­o que les pareció seguro y caudaloso y entraron en su ensenada para explorarla. Pero al rato se llevaron una desagradable sorpresa. El generoso caudal era provocado por las últimas lluvias y súbitamente el nivel del agua empezó a descender por lo que la carabela encayó y se rompió en dos pedazos. Consiguieron salvar la lancha y poco más.

Una vez el mar se calmó tras la terrible tempestad unos cuantos salieron en la lancha salvada en busca de sus compañeros de expedición. Viendo la fuerza de la tormenta eran bastante pesimistas con respecto a la superviviencia del resto de la expedición. Muy probablemente habrí­an perecido en la tormenta que les habí­a separado. Tras varios dí­as de navegación infructuosa recalaron en un pequeño islote en donde decidieron tomarse un descanso. Pero una noche, al despertar, se dieron cuenta de que cuatro de los marineros y la lancha habí­an desaparecido. Les habí­an dejado tirados en un islote apartado sin posibilidad de salir.

Pasó mucho tiempo en el que sufrieron hambre y sed en aquellas hinóspitas tierras hasta que un dí­a vieron un pequeño velero que se acercaba y resultaron ser los cuatro marineros que se habí­an marchado con la lancha. Según les dijeron encontraron al resto de la expedición en la desembocadura del rí­o Belén, con la nave carcomida por la broma y destrozada por las tormentas. Por este motivo Lope de Olano no habí­a salido en su búsqueda y además prácticamente dieron por perdida la carabela de Nicuesa por las tempestades y tormentas que se sucedieron.

Las excusas de Olano no le sirvieron a Nicuesa que según llegó a Belén ordenó su detención por traición y le condenó a muerte pero finalmente revocó dicha pena dejando que fuese juzgado en España.

El lugar donde se encontraban era terrible, no habí­a alimentos y los nativos los  acechaban, cada vez que enviaban alguna expedición al interior en busca de alimentos eran atacados. Nicuesa decidió buscar un lugar más propicio y marchó hacia la bahí­a de Portobello en donde un comité de bienvenida indí­gena les recibió con flechas y lanzas por lo que tuvieron que huir rápidamente de esta hermosa bahí­a. Continuaron costeando el litoral hasta llegar al puerto de Bastimentos en donde encontraron un práctico puerto protegido por monte y montañas. Era el sitio ideal y Nicuesa fundó allí­ la población de Nombre de Dios. La primera fundada por los españoles en Tierra Firme que haya llegado hasta nuestros dí­as.

Nombre de Dios - Panamá

Tras varias semanas de trabajos en el nuevo poblado llegó  Rodrigo de Colmenares, viejo amigo de Nicuesa, con numerosas provisiones y pertrechos y también noticias frescas de las desgracias de Ojeda y la fundación por Enciso y Balboa de Santa Marí­a de la Antigua del Darién. En dicha población algunos colonos no estaban contentos con el gobernador Enciso y buscaron algún resquicio legal para derrocarlo. Investigaron y encontraron la fórmula, pero ésta les obligaba a entregar la gobernación a Nicuesa. En su estratagema argumentaron que la Antigua del Darién estaba en territorio perteneciente a la gobernación de Nicuesa y por ello las decisiones de Ojeda no tení­an validez, incluido el cargo de Alcalde Mayor de Enciso y sus órdenes.

Por ello fueron enviados dos colonos, Diego de Albitres y Diego del Corral, a negociar con Nicuesa la entrega de la población. Se entrevistaron con el gobernador y le comentaron las injusticias y desórdenes que Enciso estaba provocando a lo que Nicuesa reaccionó prometiendo un reordenamiento total y una nueva reorganización de los repartimientos y encomiendas que se habí­an realizado ya. Evidentemente estas manifestaciones alarmaron a los colonos porque les perjudicaba claramente. Viendo que se habí­an equivocado volvieron rápidamente al poblado para alarmar a sus vecinos y evitar que Nicuesa pudiese desembarcar e imponer sus ideas.

Llegado Nicuesa al puerto de Santa Marí­a de la Antigua del Darién los colonos provocaron un gran tumulto evitando que el gobernador pudiese desembarcar ni tan siquiera para reponer abastecimientos. Al final consiguió hacerlo pero por la fuerza y fuera de la población. Fue atacado por los colonos y tuvo que huir sin posibilidad de reparar su maltrecho barco y cargar provisiones para el viaje de vuelta a Nombre de Dios. Esta serí­a la última vez que se vio con vida a Diego de Nicuesa, su rastro desapareció en el mar y nada más se supo de él.

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