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Conquista del Río de la Plata (I): La Expedición de Juan Díaz de Solís

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 “Miserías por todas partes; necesidades sin cuento, dificultades en el sometimiento del indio; grandes bosques, grandes ríos, ninguna habitación, industria ni alimentos. Salvo la tierra virgen fructífera, donde arrojan las primeras semillas de toda clase de productos agrícolas; salvo las llanuras dilatadas que pueblan con toda clase de productos ganaderiles, todo es obstáculo, desamparo, muerte. Los indios sin moral, sin relaciones sociales, en luchas continuas entre sí, sin habitaciones ni pueblos aceptables; sin alfabeto, sin pan, sin vino, sin animales de carga, sin hierro, sin útiles. En medio de hambres horribles, que apenas satisfacen con toda clase de alimañas de los bosques, o con el cuero de los zapatos, los españoles tienen que introducir todo, trabajar todo, abrir puertas a la cultura y a la civilización. Redúcense indios, aglomerándolos en poblaciones para enseñarles y educarlos en la paz, el trabajo, la suavidad de costumbres, la perfección moral y física. Se abren comunicaciones; se alejan la miseria, la degradación, las enemistades, fundando pueblos e iglesias, derramando semillas, introduciendo por todas partes de América productos aceptables al suelo argentino…”.
Manuel M. Cervera, historiador argentino, sobre la situación de las comarcas argentinas a la llegada de los españoles.

Conquista del Río de la Plata

La conquista del territorio de la actual Argentina, Paraguay, Uruguay y Bolivia se realizó en un largo período de tiempo, no fue una conquista propiamente dicha, ya que no hubo grandes batallas, ni gobiernos nativos derrotados. Fue un lento proceso de pequeñas escaramuzas y pequeños avances acompañado de cierta colonización apoyado en  la fundación de fuertes militares que fijaban la posición y de pequeñas ciudades en donde se dejaba un retén y servía de base para futuras expediciones. Dicho proceso tuvo dos orígenes: uno desde las costas del océano Atlántico con expediciones organizadas desde España  que ya desde principios del siglo XV surcaron las costas rioplatenses y ascendieron sus ríos; y el otro desde Perú y Chile, expediciones continuadoras de la conquista del imperio inca y del litoral pacífico de Chile.

¿Por qué se llama Río de la Plata?

Antes de nada aclarar que el nombre de Río de la Plata le viene, no porque en él haya habido o haya plata, sino porque para los españoles este río era el camino que llegaba hasta la Sierra de la Plata. Legendaria sierra en la que, según las historias contadas por indios guaraníes, residía el rey Blanco y en ella había oro y plata en abundancia, lo que puede identificarse como el reino del Perú y sus riquezas naturales. Este fue el combustible que recargó las energías de los conquistadores para explorar dicha zona e impulsó numerosas expediciones en su búsqueda, algo similar al Dorado en las regiones amazónicas.

Busto Juan Díaz de Solís, descubridor del Río de la Plata

Primera expedición al Río de la Plata: Juan Díaz Solís

La primera expedición que llegó hasta el Río de la Plata tuvo lugar a principios del siglo XVI. El 24 de noviembre de 1514 el rey Fernando capituló en el navegante Juan Díaz Solís para encontrar un paso que condujese al Mar del Sur, recientemente descubierto por Vasco Núñez de Balboa, pero costeando mucho más hacia el sur de lo que ya lo habían hecho Vicente Yáñez Pinzón y Américo Vespucio, y que una vez encontrado ese paso navegasen hacia el norte hasta llegar a espaldas de Castilla del Oro, en el istmo centroamericano. La expedición estaría compuesta de 60 hombres, 3 naves y provisiones para dos años y medio. El propio rey sufragaba el coste del proyecto con cuatro mil ducados.

Partieron de Sanlúcar de Barrameda el 8 de octubre de 1515. Tras 4 meses de navegación y recorrer la costa brasileña llegaron en febrero de 1516 al puerto de Nuestra Señora de la Candelaria, en el estuario del Río de la Plata al que llamaron Mar Dulce por su anchura. Allí tomaron posesión de esas tierras en nombre del rey de Castilla. En vez de continuar hacia el sur Solís ordenó explorar hacia el oeste e internarse en el estuario. Al llegar a una isla fueron atacados por los guaraníes, que capturaron a su capitán y a algunos hombres, ejecutándolos frente a sus compañeros, que impotentes contemplaban la imagen desde los buques. Evidentemente, levaron anclas y al mando del piloto Francisco de Torres tomaron camino a España. Pero los problemas no terminarían ahí porque al pasar cerca de la isla Santa Catalina una de las carabelas zozobró y naufragó. Su tripulación no podía subirse en las demás carabelas por lo que tuvieron que quedarse allí. Uno de los náufragos era Alejo García, que en vez de estarse quietecito esperando que le rescatasen, y tras oir las historias que le contaban los nativos, decidió él mismo junto a cuatro compañeros y con medios indígenas lanzarse a la búsqueda de esa Sierra de la Plata.

Expedición de Alejo García por el río Paraná y Paraguay

Saliendo de la provincia de Santa Catalina llegaron al río Paraná y al Paraguay y atravesaron tierras habitadas por multitud de pueblos guaraníes que se unieron a ellos y llegaron a la región del Chaco por el puerto de San Fernando en donde tras batallar con numerosas tribus de la zona lograron reunir un magnífico botín de oro y plata y regresar a Paraguay. Esta fue la primera vez que una expedición llegaba desde la costa brasileña hasta la cordillera de los Andes, entrando en contacto conquistadores españoles con tribus del imperio de los incas varios años antes de que Francisco Pizarro lo hiciese llegando desde Castilla del Oro. García envió emisarios a la isla Santa Catalina para dar a conocer su hallazgo y su éxito pero los guaraníes quisieron quedarse con todo y asesinaron a los conquistadores españoles. Aún así las noticias de estas riquezas se propagaron creándose la leyenda del Rey Blanco y la Sierra de la Plata, ya comentada anteriormente.



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