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Casa Museo de Ponce de León

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En la primera semana de noviembre de este 2012 (año del fin del mundo según los mayas) tuve la oportunidad de acercarme a la provincia de la Altagracia de República Dominicana. Allí, a unos 25 kilómetros de la ciudad del Higüey, está la pequeña población de San Rafael de Yuma, en donde se encuentra la Casa Museo de Ponce de León.  Caserón de aspecto medieval, rectangular, firme, de gruesos muros y teja roja, todo muy castellano, construido sobre el año 1508 por el conquistador, descubridor y adelantado Juan Ponce de León en época del gobierno de Frey Nicolás de Ovando en la isla Española. También fue conocido como Castillo de Ponce de León y Castillo de Esquivel.

Juan Ponce de León llegó a la isla Española en el segundo viaje de Cristóbal Colón  en la que se fundó la ciudad de la Isabela en 1493 en el norte de la isla. Vivió los primeros momentos más importantes de la conquista de la isla Española: la batalla de la Vega Real, la construcción de la fortaleza de la Concepción, la fundación de Santo Domingo, etc.

Las campañas en la zona oeste (actual Haití) no terminaron hasta 1504, Frey Nicolás de Ovando, Diego de Velázquez y Rodrigo Mejía Trillo fueron los directores y ejecutores de dichas campañas y al tener pacificada toda esa parte ya pudieron girar su vista hacia la zona este de la isla, en donde se encontraba el cacicazgo del Higüey con su cacique Cotubanamá.  Esta campaña fue desarrollada entre los años 1504 y 1505.

Los gruesos muros del caserón, de 1,7 metros de espesor en su planta inferior, nos dicen que fue construido cuando, a pesar de que la conquista del Higüey ya había finalizado, aún podían producirse rebeliones nativas y los habitantes de la recién fundada Salvaleón de Higüey sufrir sus ataques, por ello la primera planta de este caserón fue diseñado para acogerlos en caso de que esos ataques se produjesen. Incluso se encontró un túnel que llevaba desde la casa hasta la rivera del cercano río Yuma por si era necesario huir. Las paredes de la segunda planta, tan “solo” tienen un grosor de 0,7 m de espesor, y es donde se encontraba la vivienda de Juan Ponce, en ella residía junto a su mujer y sus hijas.

Desde dentro de estas paredes se idearon y prepararon la conquista de la isla de San Juan, actual Puerto Rico, el descubrimiento de Florida y las expediciones en búsqueda de las islas de Biminí, en donde se supone que se encontraban las fuentes de la eterna juventud, que Ponce de León persiguió enconadamente y jamás encontró.

En sus alrededores pueden contemplarse inmensas tierras llanas en donde el ganado pasta sin preocupaciones y el viento corre sin obstáculos. Aquí Ponce comerció con pan de casabe que vendía en San Juan, plantó yuca y ajíes y los vendió a la ciudad de Santo Domingo. Prosperó en su hacienda e incluso construyó una casa muy parecida en Caparra, ciudad fundada por él en San Juan y que más tarde sería trasladada a donde se encuentra la actual capital de Puerto Rico.

Para visitar la casa hay que ir a San Rafael de Yuma, en la provincia de Altagracia, 160 kilómetros al este de Santo Domingo. Nada más entrar en el pueblo se verá un cartelón que señaliza como llegar hasta la casa cogiendo un camino de tierra durante 800 m. Rápidamente se llega a la entrada de la instalación. Avisar que no está permanentemente abierto al público. Cuando llegamos a la puerta del mismo nos encontramos un papel con un número de teléfono. Se llama y contesta un chico que en menos de diez minutos acude en moto y te abre la puerta. Él mismo cuenta durante un par de minutos la historia de la casa y sus características arquitectónicas más importantes. La entrada cuesta 50 pesos (1 euro) por persona y te ofrecen un cuadernillo con la historia mucho más desarrollada (31 páginas) de Ponce de León y de la casa. Aconsejo su adquisición, su coste 100 pesos (2 euros).

El interior de la casa está decorada y equipada como si debió de ser en el siglo XVI, con su máquina de hilar, la mesa donde se comía, una habitación con una cama y elementos religiosos y muebles típicos de la época así como herramientas de labranza y objetos típicos de una hacienda ganadera. Todo con muy buen gusto y muchísima sencillez.

Vale la pena su visita, sobre todo si se está alojado en alguno de los hoteles de todo incluído que se encuentran por la zona, muy cerca de Punta Cana, Bávaro y La Romana y disfrutar de la belleza paisajística e histórica de este lugar tan magníficamente restaurado y que tiene tanta magia. No todo son cócteles y discoteca, dedicar un ratito en vuestras vacaciones en República Domincana a hacer un poquito de turismo cultural siempre sienta bien y es muy edificante.

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