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Los vaivenes del almirante en la actualidad

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Noticia extraida de la web Xornal Galicia

Fuente: http://xornalgalicia.es/index.php?name=News&file=article&sid=22851

Xornal de Galicia Marí­timo Pesquero | Viernes, 30 Abril, 2010 – 08:14

Al Almirante no le dejan en paz, ahora el gobierno de Venezuela se está dedicando a remover de sus pedestales las pocas estatuas de Cristóbal Colón que aún existen en aquél paí­s, y de paso, uno de los grupos fieles al régimen de Chávez completa la tarea decapitando las esculturas.

estatuaColonDerribadaSe trata de unas ceremonias de distracción de los auténticos problemas que tienen los venezolanos, en las que se manifiestan componentes arcaicos y atavismos que permiten al caudillo bananero referirse con aires idealistas a un pasado ignoto, el del buen salvaje, en el que, con anterioridad a la llegada de los españoles imperaba la felicidad. Lo que pone de manifiesto una dimensión racista de los bolivarianos hacia los semejantes de piel blanca, aunque no acaban de mostrarlo en su total dimensión. Olvidan que, su “santo patrón”, Simón Bolí­var se casó con una madrileña, en la iglesia de San José, justo en donde arranca la Gran Ví­a capitalina, y no se dedicó a distinguir sobre la piel de sus seguidores. La fobia desatada por los chavistas contra el Descubridor pone de manifiesto la crisis de identidad de venezolanos y ciudadanos de otros paí­ses hermanos, envenenados por una visión simplista de la Independencia hispanoamericana, inculcada con intereses espurios. Bolí­var, San Martí­n y los principales próceres de la emancipación americana tienen erigidas por toda España estatuas magní­ficas: los reyes Atahualpa y Moctezuma ocupan un lugar de honor, junto a los reyes españoles, en la fachada del Palacio Real de Madrid. En definitiva, a los hispanoamericanos les pertenece la figura de Colón, tanto como nos pertenece a los españoles, aunque su cuna estuviera fuera de nuestras fronteras.

estatuaColonDerribo

Pero por mucho que quiera derribar Chávez, el Almirante tiene muchos monumentos. Los más importantes erigidos en honor de Cristóbal Colón proceden, en una gran mayorí­a, de la segunda mitad del siglo XIX, siendo muchos de ellos grandes obras artí­sticas. En 1870 la emperatriz Eugenia de Montijo regaló la estatua que hoy se erige en la ciudad panameña de Colón, que primeramente se habí­a colocado en la estación del ferrocarril que uní­a los dos océanos; el de Valparaí­so se inauguró en 1877; el monumental erigido frente al puerto de Barcelona data de 1887; en Génova se le recordó con otro al celebrarse en 1892 el IV Centenario del Descubrimie! nto; y después se levantaron los de Venecia, Paví­a y el existente en la plaza que lleva su nombre en Madrid; erigiéndose en 1894 el de la capital mexicana, tan polémico como el de Caracas que se levantó dos años antes. En 1901 se colocó en Valladolid el magní­fico monumento ubicado en el Campo Grande, que habí­a sido concebido para erigirse en La Habana, lo que no se llevó a cabo como consecuencia de la independencia cubana. En el centro de los sevillanos Jardines de Murillo se instaló uno en 1921, coronado por un gran león, apareciendo un simple rosetón casi invisible a los pies con la efigie del Almirante; lo que ha movido a que la población hispalense se pregunte: “¿Y dónde está Colón?”, a la par que responda con la chunga de aquella tierra, “A Colón se lo comió el león “. Dedicado a la Fe Descubridora, en 1929 se inauguró una impresionante escultura de 37 metros de altura en Huelva.

En Madrid tampoco le hemos dejado tranquilo al Almirante: la estatua de Cristóbal Colón preside de nuevo la céntrica plaza que lleva su nombre, mirando de nuevo hacia el sur, hacia Palos de Moguer, como estaba en su configuración original, antes de que se decidiera trasladarla a los jardines del Descubrimiento en los años 70. Se emprendió su construcción para conmemorar el matrimonio real entre Alfonso XII y Doña Marí­a de las Mercedes de Orleans el 23 de enero de 1878. En 1877 se convocó un concurso público al que se presentaron cuatro proyectos de los que resultó ganador el de Arturo Mélida, aunque en principio la estatua que lo remata no era ! la que, finalmente, labró Jerónimo Suñol. Las obras se iniciaron en 1881 y concluyeron en 1885, previéndose la inauguración para el 4 de enero de 1886, aniversario del retorno de Colón de su primer viaje. Sin embargo, la muerte del monarca el 25 de noviembre de 1885 obligó a suspenderla y, finalmente, coincidiendo en fecha exacta con el cuarto centenario del Descubrimiento de América, el 12 de octubre de 1892 se hizo entrega de la obra, aunque sin ceremonia especial. Originariamente el monumento estaba ubicado en el centro de la plaza, pero en 1973, a causa de los trabajos de remodelación de la misma, se trasladó al extremo derecho de los Jardines del Descubrimiento, hasta el año 2009 en el que el Ayuntamiento de Madrid, dentro de las obras de remodelación del eje Prado-Recoletos devolvió la columna y la estatua del Almirante a su ubicación original al centro de la rotonda, en donde los madrileños reclamamos surtidores que embellezcan la fuente que rodea el pedestal, que aparte de ! un diseño simple ha venido a complicar la circulación.

La obra del alcalde Gallardón parece una respuesta contundente a los esfuerzos del caudillo venezolano por acabar con la memoria histórica de Colón en Venezuela y paí­ses satélites. Cuando Chávez ordenó que sacaran a Colón dijo que pondrí­a la figura de un indio y crearí­a un parque en el lugar. El proyecto conocido como “La Cruz del Sur”, tení­a un paseo inspirado en la constelación de ese nombre. Esa estrella y otros conjuntos de cuerpos celestes eran seguidos por los aborí­genes dos mil años antes de Cristo para conocer los tiempos de la siembra y la cosecha. Como todas las promesas de Hugo Chávez, el lugar todaví­a permanece vací­o. Siempre tendrá a quien echar la culpa.

MANUEL MAESTRO. Director de la Fundación Letras en el Mar

Al Almirante no le dejan en paz, ahora el gobierno de Venezuela se está dedicando a remover de sus pedestales las pocas estatuas de Cristóbal Colón que aún existen en aquél paí­s, y de paso, uno de los grupos fieles al régimen de Chávez completa la tarea decapitando las esculturas.
Se trata de unas ceremonias de distracción de los auténticos problemas que tienen los venezolanos, en las que se manifiestan componentes arcaicos y atavismos que permiten al caudillo bananero referirse con aires idealistas a un pasado ignoto, el del buen salvaje, en el que, con anterioridad a la llegada de los españoles imperaba la felicidad. Lo que pone de manifiesto una dimensión racista de los bolivarianos hacia los semejantes de piel blanca, aunque no acaban de mostrarlo en su total dimensión. Olvidan que, su “santo patrón”, Simón Bolí­var se casó con una madrileña, en la iglesia de San José, justo en donde arranca la Gran Ví­a capitalina, y no se dedicó a distinguir sobre la piel de sus seguid! ores. La fobia desatada por los chavistas contra el Descubridor pone de manifiesto la crisis de identidad de venezolanos y ciudadanos de otros paí­ses hermanos, envenenados por una visión simplista de la Independencia hispanoamericana, inculcada con intereses espurios. Bolí­var, San Martí­n y los principales próceres de la emancipación americana tienen erigidas por toda España estatuas magní­ficas: los reyes Atahualpa y Moctezuma ocupan un lugar de honor, junto a los reyes españoles, en la fachada del Palacio Real de Madrid. En definitiva, a los hispanoamericanos les pertenece la figura de Colón, tanto como nos pertenece a los españoles, aunque su cuna estuviera fuera de nuestras fronteras.Pero por mucho que quiera derribar Chávez, el Almirante tiene muchos monumentos. Los más importantes erigidos en honor de Cristóbal Colón proceden, en una gran mayorí­a, de la segunda mitad del siglo XIX, siendo muchos de ellos grandes obras artí­sticas. En 1870 la emperatriz Eugenia de Montijo regaló la estatua que hoy se erige en la ciudad panameña de Colón, que primeramente se habí­a colocado en la estación del ferrocarril que uní­a los dos océanos; el de Valparaí­so se inauguró en 1877; el monumental erigido frente al puerto de Barcelona data de 1887; en Génova se le recordó con otro al celebrarse en 1892 el IV Centenario del Descubrimie! nto; y después se levantaron los de Venecia, Paví­a y el existente en la plaza que lleva su nombre en Madrid; erigiéndose en 1894 el de la capital mexicana, tan polémico como el de Caracas que se levantó dos años antes. En 1901 se colocó en Valladolid el magní­fico monumento ubicado en el Campo Grande, que habí­a sido concebido para erigirse en La Habana, lo que no se llevó a cabo como consecuencia de la independencia cubana. En el centro de los sevillanos Jardines de Murillo se instaló uno en 1921, coronado por un gran león, apareciendo un simple rosetón casi invisible a los pies con la efigie del Almirante; lo que ha movido a que la población hispalense se pregunte: “¿Y dónde está Colón?”, a la par que responda con la chunga de aquella tierra, “A Colón se lo comió el león “. Dedicado a la Fe Descubridora, en 1929 se inauguró una impresionante escultura de 37 metros de altura en Huelva.

En Madrid tampoco le hemos dejado tranquilo al Almirante: la estatua de Cristóbal Colón preside de nuevo la céntrica plaza que lleva su nombre, mirando de nuevo hacia el sur, hacia Palos de Moguer, como estaba en su configuración original, antes de que se decidiera trasladarla a los jardines del Descubrimiento en los años 70. Se emprendió su construcción para conmemorar el matrimonio real entre Alfonso XII y Doña Marí­a de las Mercedes de Orleans el 23 de enero de 1878. En 1877 se convocó un concurso público al que se presentaron cuatro proyectos de los que resultó ganador el de Arturo Mélida, aunque en principio la estatua que lo remata no era ! la que, finalmente, labró Jerónimo Suñol. Las obras se iniciaron en 1881 y concluyeron en 1885, previéndose la inauguración para el 4 de enero de 1886, aniversario del retorno de Colón de su primer viaje. Sin embargo, la muerte del monarca el 25 de noviembre de 1885 obligó a suspenderla y, finalmente, coincidiendo en fecha exacta con el cuarto centenario del Descubrimiento de América, el 12 de octubre de 1892 se hizo entrega de la obra, aunque sin ceremonia especial. Originariamente el monumento estaba ubicado en el centro de la plaza, pero en 1973, a causa de los trabajos de remodelación de la misma, se trasladó al extremo derecho de los Jardines del Descubrimiento, hasta el año 2009 en el que el Ayuntamiento de Madrid, dentro de las obras de remodelación del eje Prado-Recoletos devolvió la columna y la estatua del Almirante a su ubicación original al centro de la rotonda, en donde los madrileños reclamamos surtidores que embellezcan la fuente que rodea el pedestal, que aparte de ! un diseño simple ha venido a complicar la circulación. La obra del alcalde Gallardón parece una respuesta contundente a los esfuerzos del caudillo venezolano por acabar con la memoria histórica de Colón en Venezuela y paí­ses satélites. Cuando Chávez ordenó que sacaran a Colón dijo que pondrí­a la figura de un indio y crearí­a un parque en el lugar. El proyecto conocido como “La Cruz del Sur”, tení­a un paseo inspirado en la constelación de ese nombre. Esa estrella y otros conjuntos de cuerpos celestes eran seguidos por los aborí­genes dos mil años antes de Cristo para conocer los tiempos de la siembra y la cosecha. Como todas las promesas de Hugo Chávez, el lugar todaví­a permanece vací­o. Siempre tendrá a quien echar la culpa.

MANUEL MAESTRO. Director de la Fundación Letras en el Mar

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2 thoughts on “Los vaivenes del almirante en la actualidad

  1. Tela con el bolivariano… mezclando churras con merinas y obviando que las civilizaciones precolombinas también explotaban y masacraban a otros pueblos… en fin… a todo cerdo le llega su San Martí­n y Hugo Chavez no va a ser menos…

    P.D: Espero que los cerdos, noble animal mamí­fero, me sepan disculpar por asimilarlos con dicho personaje…

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  2. Efectivamente, en todos sitios cuecen habas. Además todas las formas de gobierno necesitan chivos expiatorios y enemigos a los que echar todas las culpas de sus males cuando, muy probablemente, están en ellos mismos.

    Saludos.

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