La Independencia de Argentina

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La Independencia de la Argentina es un proceso histórico iniciado aproximadamente en 1810 con la creación de las juntas de autogobierno de Buenos Aires y que se manifestó finalmente el 9 de julio de 1816 cuando se declaró la independencia del territorio del antiguo virreinato del Río de la Plata de la Monarquía Española con el nombre de Provincias Unidas del Río de la Plata.

Antecedentes

El virreinato del Río de la Plata fue creado en 1776 en el marco de las reformas borbónicas separándolo del virreinato del Perú. Ocupaba los paises actuales de Argentina, Paraguay, Uruguay y Bolivia o Alto Perú y algunas regiones de los actuales Perú, Chile y Brasil. La ciudad de Buenos Aires fue elegida como capital por su posición geográfica estratégica en un estuario que daba acceso directo al río de la Plata que navegándolo permitía llegar hasta el mismísimo Potosí. Por eso los ingleses lo deseaban tanto, permitiría la navegación y el comercio hasta bien dentro del continente sudamericano.

Carlos III, rey de la Monarquía Hispánica, creyó conveniente reforzar esta zona y y dotarla de más medios y favorecerla en aspectos económicos y comerciales por la ampliación del comercio entre Europa y las Indias, la preeminencia británica en los mares, que ya habían ocupado las islas Malvinas, y el expansionismo portugués en las fronteras cercanas al estuario del Río de la Plata. Así como la lucha contra el contrabando mediante el reforzamiento de las poblaciones existentes y la creación de nuevas fortalezas costeras.

Ataque inglés a Buenos Aires en 1806
Ataque inglés a Buenos Aires en 1806

Primer ataque inglés contra Buenos Aires en 1806

Esta importancia estratégica que estaba tomando el Río de la Plata en Sudamérica y la presencia de un tesoro de plata en la Ciudad de Buenos Aires atrajeron a la flota del Almirante inglés Home Riggs Popham, buen amigo de Francisco de Miranda,  y el general William Carr Beresford que atacaron la capital rioplatense desembarcando en Quilmes y la tomaron el 27 de junio de 1806.

La defensa que tuvo lugar de la ciudad por parte de los criollos es tomado por la historiografía argentina como el inicio de la formación de una identidad nacional propia. La huída de la ciudad ante el ataque inglés por parte del virrey Rafael de Sobremonte con el Tesoro Real fue tomada por los bonaerenses como un acto de cobardía y abandono de sus obligaciones, dejando a los funcionarios españoles en muy mala posición. Probablemente este hecho fue el pretexto que los alborotadores revolucionarios necesitaban para ir creando un clima de animadversión entre el pueblo bonaerense hacia las autoridades virreinales.

Sin embargo, por mucho que se diga, la actitud del virrey fue irreprochable al cumplir las normas a las que estaban sujetos los virreyes y gobernadores españoles de salvarse a ellos mismos y al Tesoro Real en caso de ocupación extranjera. Su libertad de operar y la disposición de recursos económicos garantizaba el funcionamiento político y militar del virreinato y su viabilidad económica aun cuando la capital o un parte del virreinato estuviesen ocupados. Si ambos caían en manos extranjeras todo estaba perdido.

Su camino hacia Córdoba fue muy complicado por el mal estado de los caminos embarrados por las lluvias. La lentitud del viaje auguraba una captura por parte de los ingleses por lo que para acelerar el paso decidió dejar parte del tesoro escondido en el cabildo de Luján. Pero no sirvió de nada. Hasta allí llegaron los soldados ingleses conducidos por criollos amenazados de que si no entregaban el tesoro a su graciosa majestad lo pagarían ellos con sus bienes. El chantaje funcionó y se hicieron con parte del tesoro que fue enviado a Londres para ser ingresado en el Banco de Londres en un multitudinario paseo triunfal en ocho carros tirados por seis caballos cada uno. Los generales ingleses fueron condecorados y homenajeados por “su valerosa conducta y por abrir una nueva fuente de comercio a las manufacturas de la Gran Bretaña, despojando a sus enemigos, de una de las más ricas y más extensas colonias en su posesión”. El expolio británico de la América Española había empezado y ello llevaría a la ruina a todas sus regiones.

Igualmente, a pesar de su salida de Buenos Aires, Sobremonte trató de organizar con muy pocos medios la reconquista de la ciudad y montó un ejército de más de 3000 hombres a la par que Santiago de Liniers la preparó desde Montevideo, con el apoyo del gobernador Pascual Ruiz Huidobro, para incursionar desde Colonia del Sacramento. El ataque ocurrió en agosto de 1806 en el que las tropas de Liniers junto a las de Pueyrredón y la colaboración inestimable del pueblo, que atacó con lo que tenía a mano, encerraron a los ingleses en el Fuerte de Buenos Aires y fueron finalmente derrotados el 12 de agosto.

El virrey llegó tarde y fue rechazado por una movilización revolucionaria que propuso un cabildo abierto el 14 de agosto para tratar sobre el asunto de la defensa de la ciudad. En él Santiago de Liniers fue nombrado gobernador militar de la plaza y la Audiencia y el Cabildo como cabeza de la administración civil. El virrey había sido depuesto por una autoridad civil, algo inédito en América. Un auténtico golpe de estado aprovechando el desconcierto generado por los ingleses. Probablemente algo tuvieron que ver las Logias Másónicas creadas por éstos durante su estancia en Buenos Aires, como la “Estrella del Sud” (con diario incluido impreso durante varias semanas) y la “Hijos de Hiram“. Sobremonte, ante esta situación y para no evitar más problemas, decidió esperar a la decisión del Rey y marchó a Montevideo desde donde empezó a organizar la defensa ante otro posible ataque inglés.

Segundo ataque inglés en 1807

En 1807 los ingleses volvieron a atacar pero esta vez lo iniciaron desde Montevideo, ciudad que bombardearon y tomaron al asalto el 3 de febrero por el general inglés Samuel Auchmuty. Desde allí y tras recibir varios refuerzos el 28 de junio comandados esta vez por el general John Whitelocke y su ejército de 10.000 hombres desembarcaron en la Ensenada de Barragán. Estaban a tan solo 60 kilómetros de Buenos Aires. Iniciaron su marcha y en Miserere derrotaron a las tropas de Santiago de Liniers, que había dejado desguarnecida la ciudad para hacer frente a los ingleses en campo abierto. Pero la ciudad, encabezada por el Alcalde Martín de Álzaga, se preparó para su defensa creando trincheras y parapetos y armando a toda la población.

Los ingleses llegaron hasta las puertas de la ciudad sin ningún tipo de obstáculo. Decidieron atacarla entrando con 13 columnas que se unirían en el centro de la ciudad para terminar con los reductos militares porteños. Lo que no esperaban es que a su paso fueron constantemente atacados por el pueblo de Buenos Aires que desde sus casas les arrojaba aceite y agua hirviendo y todo tipo de objetos. Algo para lo que no estaban preparadas las tropas regulares. Tras ser duramente castigados y masacrados el 6 de julio  los ingleses aceptaron un armisticio retirándose tanto de Buenos Aires como de Colonia del Sacramento y Montevideo.

Virrey Santiago Liniers
Virrey Santiago Liniers

Santiago de Liniers confirmado como virrey

Tras estos sucesos Liners fue confirmado como virrey desde España pero duraría poco ya que su condición de francés y su comportamiento ante una visita de un enviado de Napoleón le granjearon la desconfianza de los porteños. Pidió la neutralidad del virreinato ante los gravísimos hechos que estaban ocurriendo en España con la ocupación francesa provocando la reacción del gobernador de Montevideo Francisco Javier de Elío que creó el 20 de septiembre de 1808 una Junta de Gobierno en su la ciudad y se desvinculó de Buenos Aires. Liniers tuvo que luchar contra un levantamiento protagonizado por el gobernador y Martín de Álzaga pero fue derrotado pronto. La Junta Suprema Central de Sevilla envió un nuevo virrey libre de sospechas afrancesadas, Baltasar Hidalgo de Cisneros, que expulsó a Liniers a Mendoza, aunque terminó estableciéndose en Córdoba. Allí recibió noticias de la revolución de Mayo y se unió a los contrarrevolucionarios cordobeses que fueron derrotados por el general Francisco Ortiz de Ocampo que provocó la desbandada del ejército y el fusilamiento de sus cabecillas, incluido Liniers.

La Semana de Mayo de 1810

Las actividades revolucionarias de las logias desembocaron en los primeros disturbios de la revolución de mayo que tuvieron lugar durante la llamada “Semana de Mayo” de 1810, concretamente entre el día 18, día que se confirmó la caída de la Junta Suprema Central de Sevilla, y el 25 en que se creó la Primera Junta que no reconocía al Consejo de Regencia de España e Indias pero sí al rey Fernando VII.

Con la caída de la Junta sevillana caía también la legitimidad del virrey Cisneros, por haber sido nombrado por ella. Los revolucionarios rápidamente movieron ficha y presionaron al virrey para convocar un cabildo abierto. Como ya había ocurrido en otras ciudades hispanoamericanas (la Conspiración de Querétaro en México, los tumultos de Bogotá o rebeliones de Tacna en el Alto Perú) las logias masónicas (Logia Independencia y de la Sociedad de los Siete) y sus revolucionarios actuaron rápido para imponer su revolución liberal y el terror alrededor del cabildo con sus Legiones Infernales o chisperos, que eran hombres armados a sueldo de los revolucionarios y que a través de la amenaza y el tumulto lograban influir en los acontecimientos políticos. El 22 de mayo en ese cabildo, con mayoría de liberales-masones frente a los realistas, depusieron al virrey y crearon una Junta Provisional Gubernativa presidida por el mismo y que no duró mucho ya que fue derogada, quitándose de encima a Cisneros.

Cabildo abierto de Buenos Aires de 1810
Cabildo abierto de Buenos Aires de 1810

Primera Junta

Pero los revolucionarios querían más. El 25 de mayo en la Plaza crearon una movilización popular con escarapelas y mucho ruido que presionó al cabildo abierto en el que se escenificó una “Petición del Pueblo” firmada por los principales líderes revolucionarios y en la que se supone que el pueblo exigía la formación de una nueva junta llamada Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata creada en nombre del Señor Don Fernando VII y que la historiografía llama Primera Junta.

En esta junta no hay más que ver quién la formaba para ver que el pueblo poco tenía que ver con ellos. El presidente fue el masón Cornelio de Saavedra y como vocales los también masones Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Manuel Alberti, Domingo Matheu y Juan Larrea y como secretarios Juan José Paso y Mariano Moreno.

La revolución ya estaba lanzada, ahora había que actuar con sigilo para terminar bien el trabajo. Se enviaron circulares a las ciudades del interior para que enviasen representantes a la Junta, cuando en principio se les había prometido un Congreso, se exigió un juramento de obediencia a los funcionarios de otras instituciones y se formó un ejército de la revolución a partir del Regimiento de Patricios que pasó a ser Regimiento 1º y 2º de infantería y que tendría gran importancia en los guerras y enfrentamientos en los siguientes años. Las primeras operaciones de este ejército fueron contra Córdoba, en donde se había organizado una contrarevolución y contra el Alto Perú, que ocuparon tras la victoria en la batalla de Suipacha.

Junta Grande

A finales de año, en el mes de diciembre, se incorporaron a la Junta diputados llegados desde el interior formándose la Junta Grande en la que ya se encontraban representadas todas las provincias rioplatenses. Pero este cambio no gustó mucho a los porteños porque perdían influencia en la misma. Tras varias derrotas militares y el ataque de Buenos Aires por parte de la escuadra española de Montevideo el 22 de septiembre de 1811 la Junta fue duramente criticada por considerarla lenta y pesada en sus decisiones haciéndola responsable de esas derrotas militares. Por ello es extinguida y se crea el Primer Triunvirato (1811-1812) para quitar poder a las provincias y devolverle el peso al centralismo porteño.

Primer Triunvirato (1811-1812)

Y así lo hicieron, pero fue tanto su centralismo político que se produjeron los primeros enfrentamientos en el Motín de las Trenzas al intentar sustituir a Cornelio Saavedra por Manuel Belgrano al frente del regimiento de Patricios. El hecho fue aprovechado por el triunvirato para expulsar a los diputados de provincias del gobierno y suprimir las juntas provinciales que fueron sustituidas por gobernadores y delegados elegidos por él, todos estos, evidentemente, porteños.

Este triunvirato no duraría mucho. El ejército realista del Alto Perú reconquistó algunas regiones del norte argentino y desde Buenos Aires se ordenó al ejército de Belgrano retroceder hasta Córdoba, pero éste no hizo caso y se enfrentó a los realistas logrando la victoria de la batalla de Tucumán haciéndoles retroceder. Este hecho, el haber ordenado la retirada erróneamente, forzó un golpe de estado organizado por el coronel José de San Martín, que llegó a Buenos Aires unos meses antes en la fragata George Canning procedente de Londres con todo un plantel de masones dispuestos a todo, y formaron el 8 de octubre de 1812 el Segundo Triunvirato, integrado por Rodríguez Peña, Juan José Paso y Antonio Álvarez Jonte.

Asamblea del Año XIII

El 31 de enero de 1813 se constituyó la Asamblea del Año XIII o Asamblea General Constituyente y Soberana del Año 1813 formada por 17 diputados de todas las provincias excepto de la Banda Oriental, que fueron rechazados por un formalismo que más bien sonó a una treta para dejarlos fuera, a ellos y a las propuestas de José Gervasio Artigas, líder oriental, que querían implementar un federalismo que no querían en Buenos Aires.

En esta asamblea se sentaron las bases de la nueva nación (himno, bandera, escudo, ec) y se presentaron varios proyectos de  constitución política bajo preceptos liberales y republicanos.

Congreso de Tucumán de 1816
Congreso de Tucumán de 1816

Congreso de Tucumán y la Declaración de Independencia

Tras varios años de guerras civiles entre federalistas (Liga Federal) y centralistas (Directorio) se convocó el Congreso de Tucumán el 24 de marzo de 1816 en el que participaron las provincias que no formaban parte de la Liga Federal de Artigas ni estaban ocupadas por tropas realistas. El objetivo principal del congreso era el de lograr un punto de encuentro entre los dos bandos enfrentados y juntos declarar la independencia. Lo que se logró el 9 de julio de 1816 aprobando y firmando la Declaración de Independencia de las Provincias Unidas de Sud América.

 

 

 

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