La batalla de la Vega Real


15 abril 2010
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Tras el azaroso viaje de más cinco meses por las principales islas caribeñas, el Almirante retornó el 29 de septiembre de 1494 en bastante mal estado de salud. En La Isabela se encontró, felizmente para él, con que habí­a llegado su hermano Bartolomé, inteligente y enérgico navegante y militar.

Inmediatamente Colón le nombró  Adelantado y Gobernador de las Indias para que le ayudase en la complicada gestión de una isla en rebeldí­a, no sólo de los indí­genas, sino también de sus propios compañeros de expedición. Este nombramiento provocó un pequeño conflicto con el rey Fernando ya que éste no consideraba que Colón pudiese tener el privilegio de nombrar adelantados, pero al final se le permitió hacer y Bartolomé conservó el cargo.

La isla se encontraba en pie de guerra. Caonabo intentó acabar con el fuerte Santo Tomás, pero se encontró con la eficaz defensa del mismo por parte de Alonso de Ojeda, tuvo que retirarse sin conseguir nada pero no se rindió. Hizo un llamamiento a los principales caciques para crear una alianza y atacar conjuntamente La Isabela y así­ terminar con la presencia de los extranjeros en Haití­, pero se llevó una sorpresa al no conseguir el apoyo del cacique del Marién, Guacanagarí­.

batallaVegaReal2Ante los incidentes y luchas ocurridas durante la ausencia del Almirante el cacique “rebelde” se reunió con Colón y le prometió que él y sus tribus habí­an permanecido fieles a los españoles, aportando como prueba que todos los soldados cristianos que estaban en su región estaban perfectamente atendidos y de salud. Asimismo, aprovechó para informarle sobre la coalición de los otros 4 caciques de la isla para atacarles. Esta lealtad y el chivatazo le costó al cacique la muerte de una de sus mujeres a manos del cacique Behechio y el secuestro de otra por Caonabo , convenciéndose definitivamente de unirse a los españoles para vencer a la coalición indí­gena.

Tras estos hechos ocurrió uno que marcarí­a el devenir de los acontecimientos. Ojeda, al frente de una pequeña comitiva, partió con la misión de capturar al más peligroso de los caciques, Caonabo. Ideó un plan que serí­a utilizado por otros conquistadores posteriormente y que les traerí­a grandes éxitos: internarse en el corazón del territorio enemigo, ganarse la confianza del objetivo y, en algún momento de descuido, capturarlo. Así­ hicieron con Caonabo. Que fue llevado a La Isabela hecho prisionero y fue presentado a Colón. í‰ste decidió enviarlo a Castilla para que el cacique más importante de la isla tratase con los reyes castellanos, los cuales probablemente le habrí­an tratado como tal y no como un simple prisionero o trofeo de guerra. Sin embargo, Caonabo tristemente nunca llegó a España. Hay dos versiones, una dice que el buque en el que fue embarcado naufragó en las cercaní­as de La Isabela y la otra dice que murió de pena durante la travesí­a y que su cuerpo fue lanzado al mar.

batallaVegaReal1La captura de Caonabo impactó profundamente al resto de caciques, que sin más dilación decidieron atacar La Isabela, ya no sólo para intentar expulsar a los extranjeros, sino que también para intentar liberar a su lí­der más importante. Su puesto habí­a sido ocupado por su hermano Manicaotex, guerrero tan valiente e inteligente como él .

Colón ya estaba sobre aviso y se adelantó a los acontecimientos, en vez de esperar a que los ejércitos indí­genas llegasen hasta La Isabela, salió con doscientos infantes, varios cientos de indí­genas, veinte caballos y veinte perros de presa a alcanzar al ejército indí­gena estacionado en la Vega Real (muy cerca de la actual ciudad de Santiago de los Caballeros), que era muy superior en número. Estamos en el 27 de marzo de 1495.

La batalla no duró mucho. Bartolomé ordenó que las pocas fuerzas con las que contaban se separasen en dos grupos y que atacasen por dos sitios distintos al grupo principal de los indí­genas, dando así­ la sensación de ser muchos más. A los primeros disparos de arcabuces y descargas de ballestas, la visión de los caballos y la de los perros de presa empezaron a huir aterrorizados, a lo que hay que sumar el ataque frontal de Alonso de Ojeda.

La primera batalla seria, también llamada batalla del Santo Cerro,  entre conquistadores y nativos no duró más que unos minutos y supuso la sumisión de todos los caciques al poder español. Lo cual traerí­a consecuencias.

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