La Isabela, primera ciudad del Nuevo Mundo


03 Febrero 2010
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Rápidamente partieron del Fuerte Navidad buscando un nuevo emplazamiento en dirección hacia el este. Fueron explorando la costa y encontraron grandes ríos y buenos puertos pero eran zonas de tierras bajas y pantanosas, con poca piedra con la que construir y difíciles de defender ante cualquier ataque, tanto por mar como por tierra.

Colón pensaba ir hasta Puerto Plata, donde había visto algunas zonas interesantes para asentar la colonia, pero unas tormentas, tras pasar el puerto de Montecristi, le obligaron a refugiarse en un pequeño recodo que casualmente le pareció adecuado para lo que buscaban, con un puerto natural interesante, algo abierto al noroeste, una llanura repleta de vegetación abundante, fértiles tierras, temperatura suave y templada y una peña muy bien posicionada donde poder construir una fortaleza. Esta porción de costa tenía dos ríos cercanos, uno caudaloso y otro más pequeño (el Bajabonico) cuyo agua podrían desviar fácilmente para abastecer a la ciudad.

Otra de las ventajas que vieron a este emplazamiento fue que a esa altura más o menos, a unos kilómetros al sur según indicaciones de los indígenas, se encontraban las famosas minas de oro del Cibao, por lo que sería más fácil encontrarlas y también su explotación.

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Las tripulaciones, tras casi tres meses metidos en los barcos, desembarcaron con visible alivio y descargaron todos los pertrechos para comenzar con la construcción de la nueva ciudad, primer asentamiento oficial español en América y cabeza de puente para la colonización del continente. Aunque Colón no pensaba quedarse ahí, su obsesión seguía siendo encontrar señales y pruebas de que se encontraba en Asia, si bien cada vez era más evidente que no era así.

Una vez en tierra, el Almirante repartió solares entre todos, tiró líneas y trazó calles.  Empezaron con la construcción de un templo, un hospital, un almacén de provisiones y una casa para el genovés, todas estas de piedra. El resto de viviendas serían construidas con maderas y otros materiales. En total se llegaron a construir unas doscientas casas en apenas cuatro días. Toda una proeza.

La ilusión y las esperanzas dieron fuerzas a todos, pero pronto muchos de los habitantes comenzaron a enfermar, no sólo por la falta de adaptación al medio sino también por el debilitamiento físico derivado del tremendo viaje realizado desde España, sobre todo para gente no acostumbrada a surcar los mares. Además la alimentación era muy mala y no ayudaba a recuperarse.

El 6 de enero fue oficialmente fundada la villa de la Isabela, nombre en honor de la reina Isabel, con una misa oficiada por fray Bernardo Buil y sus frailes. Fue nombrado alcalde el capitán de la nao Marigalante, Antonio de Torres, persona de confianza de Colón. Pocos meses después fue creado el primer cabildo de América presidido por Diego Colón, hermano del Almirante, y con Fray Bernardo Buil y otros como vocales.

Lo que no sabían era que la existencia de este primer centro urbano iba a tener una vida muy efímera. En menos de cinco años habría sido abandonada y convertida en una auténtica ciudad fantasma.

Ubicación geográfica exacta de la antigua Isabela:


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3 comentarios

  1. marañón dice:

    Esto empieza a tomar vuelo literario.
    Cada vez mejor, te felicito.

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  2. Ramón dice:

    Leyendo el texto parece que los castellanos podían desembarcar dodne les viniese en gana y sin pedir permiso a nadie. ¿que derecho tenian de ocupar tierras donde habia indigenas viviendo en paz? Parece que podían coger y quedarse con todo lo que quisiesen, y eso es no debió de ser asi.
    saludos

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    • David dice:

      Hola Ramón,

      Creo que la historia no se puede ver con el prisma de la sociedad actual. A lo largo de los tiempos han ocurrido cosas y se han hecho cosas que ahora mismo nadie permitiría, incluso nos escandalizarían. Pero en aquella época el llegar a un territorio y tomar posesión de él si se consideraba que no había un poder establecido no era tan raro.

      En este caso en concreto por la bula papal de Alejandro VI, a la que hice referencia unas entradas atrás, cualquier territorio habitado por no cristianos podría ser tomado en nombre de la fe católica, por lo que para la época el establecimiento de los cristianos en este territorio estaba perfectamente legitimado.

      Gracias por participar en el blog.

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