Descubriendo un nuevo mundo
28 diciembre 2009
Etiquetas: Colón • Descubrimiento • Expediciones • IndÃgenas • siglo XV
Tras el primer contacto con tierra y con algunos indÃÂgenas las naves comenzaron un viaje por todas las pequeñas islas que se encontraban. No daban crédito a lo que veÃÂan, aquello debÃÂa de ser lo más parecido al paraÃÂso: azules aguas, blancas playas y exuberante vegetación. Navegaron siguiendo las rutas de las canoas indÃÂgenas para garantizarse no chocar con las traicioneras barreras coralinas que bordeaban las costas y que impedÃÂan que las olas llegasen a las playas en donde la vegetación podÃÂa crecer sin ninguna oposición.
Colón estaba convencido de que habÃÂa llegado a las llamadas Siete Mil islas que Marco Polo narraba en sus relatos y que antecederÃÂan al continente asiático. AllàdeberÃÂa de encontrar el ansiado oro y las especias y al Gran Khan con el que tenÃÂa previsto entrevistarse y presentarle los respetos de los reyes Católicos.

En pocos dÃÂas visitaron y pusieron nombre a numerosas islas: San Salvador, Santa MarÃÂa de la Concepción, Fernandina, Isabela, etc. Llegaron a Cuba el 28 de octubre, isla bautizada con el nombre de Juana . Al almirante le pareció tan grande que creyó sin duda que habÃÂan llegado al continente, afirmando en su Diario que se encontraban entre Zaiton y Quinsay, legendarias ciudades chinas.
Las primeras impresiones de Colón, a pesar de lo que deja entrever en su Diario, debieron de ser decepcionantes, ya que se supone que deberÃÂan de haber llegado a una tierra rica, con ricos habitantes, suntuosas y grandes ciudades y hasta el momento no habÃÂan visto más que gente pobre, prácticamente desnuda, que vivÃÂa en pequeñas aldeas y que no conocÃÂan ni el hierro, cuando en Asia este metal ya era usado siglos antes.
Supuso que tierra adentro se podrÃÂa encontrar algo de interés y por ello envió a cuatro emisarios a explorar el interior: dos españoles, Rodrigo de Jerez y Luis de Torres, este último traductor de caldeo, hebreo y algo de árabe, y dos indios, uno de la isla de San Salvador y otro de la propia isla de Cuba. Tras varios dÃÂas de marcha regresaron el 6 de noviembre con pobres noticias: internados varias decenas de kilómetros encontraron varias aldeas de no más de cincuenta casas, algo más grandes que las costeras pero igualmente pequeñas. Contaron que los indios allàresidentes les habÃÂan tratado de forma extremadamente hospitalaria y que creÃÂan que ellos venÃÂan del cielo, enviados por los dioses.
Los conquistadores siempre preguntaban a los indÃÂgenas que veÃÂan con alguna pequeña pieza de oro o de plata de dónde lo habÃÂa sacado y habÃÂa casi total unanimidad en señalar hacia el sureste, en donde decÃÂan que habÃÂa una isla grandÃÂsima donde el oro se podÃÂa recoger con las manos de las riveras de los rÃÂos. Por eso continuaron navegando en dirección sureste hacia la isla conocida por los nativos como HaitÃÂ.
El 22 de noviembre sin previo aviso MartÃÂn Alonso Pinzón y la Pinta desaparecieron y continuaron la expedición por su cuenta, dejando a Colón materialmente tirado en Cuba. Nunca ha trascendido los motivos de dicha maniobra pero todo apunta a que quiso adelantarse a Colón en encontrar el oro y las riquezas asiáticas.
Tras varios dÃÂas en los que no pudo navegar debido a corrientes y vientos contrarios las naves de Colón avistaron la referida isla de HaitÃÂ, concretamente el 5 de diciembre, a la que pone el nombre de La Española. Oficialmente es Colón el descubridor de la isla haitiana pero si tenemos en cuenta que MartÃÂn Alonso Pinzón les dejó atrás este deberÃÂa de ser el auténtico descubridor y primer europeo en ver sus costas.
En esta isla se encontraron tribus más organizadas que las que habÃÂa podido ver previamente, en ella conocieron al cacique GuacanagarÃÂ, que acogió a los españoles muy amablemente y les indicó lo mismo que el resto de indios, que en el interior habÃÂa una región riquÃÂsima en oro y otros minerales llamada Cibao, y que debido a su parecido fonético con Cipango (Japón) hizo pensar a Colón que ya por fin se encontraba en Asia.
Continuaron bordeando la costa haitiana pasando junto a la isla de la Tortuga y pocas millas más adelante, en una de sus paradas nocturnas, concretamente la noche del 25 de diciembre, debido a la calma del mar y a que ya habÃÂan investigado bien la zona, dejaron a cargo de un grumete la nao Santa MarÃÂa. El inexperto marinero no consiguió frenar la deriva de la nave hacia un banco de arena en el que quedó encallada. Colón trató de salvar todo lo que pudo y decidió construir con sus restos un fuerte al que llamó Navidad, en el que dejarÃÂa una avanzadilla de 39 marineros con armas, abastecimientos y todo lo necesario para subsistir por lo menos un año. QuedarÃÂan allàcon la misión de continuar explorando el interior de la isla en busca del Cibao y de entablar relaciones con los indÃÂgenas locales. AsàColón quedarÃÂa libre de seguir explorando y ya podrÃÂa volver a España a contar todo lo que habÃÂa visto y vivido en esta primera expedición.

El 6 de enero, mientras bordeaban la costa buscando una corriente óptima para el retorno a Europa se encontraron con la Pinta y su capitán MartÃÂn Alonso, el cual se disculpó argumentando que la nave se separó de las otras dos sin querer y que cuando se quisieron dar cuenta ya era demasiado tarde para reunirse con ellos. Colón aceptó las disculpas ya que dos buques eran mejor que uno solo para afrontar el viaje de vuelta que les aguardaba.
Reunidas las dos naves prosiguieron con su exploración de la costa norte de la isla Española hasta que llegaron a su punta este, hasta la bahÃÂa de la Flechas, donde tomaron rumbo hacia España tras casi tres meses de estancia en las Indias.
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